La Copita y la Moralidad – Por Corona, Ilustrado por Brenda Muñóz

Nos ayuda a reducir nuestra huella de carbono y además nos ayuda a ahorrar en el proceso. Bueno,¡todes a favor!, pero, ¿qué pasa cuando alguien lo comprende y aún así deciden no usarla?

Hola a todes, ya extrañaba escribirles alguito, debo confesar que me ha costado mucho saber qué quiero comunicar este mes y después de mil vueltas, quisiera que discutamos en esta ocasión a cerca de: ¡LA COPA MENSTRUAL!

Hace unos días leía acerca de los sistemas de valores en la vida social, estructura que funciona como orientador de las acciones y percepciones de los grupos sociales. En otras palabras, imaginemos un baúl lleno de conocimientos, tradiciones y, objetivos compartidos y aceptados por una cultura, una ciudad, un pueblo o por un grupo de amigues. 

Ese conjunto de saberes comunes, determina nuestra percepción del mundo social, nuestras formas de sentirlo, lo que apreciamos o deseamos y por ende, determina nuestra brújula moral.
Por eso decíamos en el ensayo pasado, que nuestro cúmulo de conocimientos y experiencias define cómo vivimos la menstruación, ya que “un ethos compartido proporciona certidumbre del funcionamiento de la vida cotidiana”. Sandoval M.A (2007).

Es muy común que nuestras máximas morales se vuelvan fácilmente una herramienta de exclusión y descalificación de los otros; aquellos que no piensan, sienten y valoran igual que yo (y eso requiere de ejercicios de empatía que mucho nos hacen falta). O sea, está bien que funcionen como parámetros de mi vinculación con el mundo, pero no como armas blancas.

Ahora, queda clarísimo que la copa menstrual es una de las opciones más sustentables dentro la gama de oferta. Nos ayuda a reducir nuestra huella de carbono y además nos ayuda a ahorrar en el proceso. Bueno,¡todes a favor!, pero, ¿qué pasa cuando alguien lo comprende y aún así deciden no usarla?

Existen muchos puntos de resistencia ante las nuevas experiencias, -yo misma lo experimenté al pasar de los tampones a la copa-, y creo que deberíamos partir SIEMPRE del entendimiento del otro, antes que de la descalificación; imagina: qué tal si ese método le resulta invasivo, si le lastima, si no le parece práctico, si le da miedo, si no le convence, si no tiene acceso ni a una toalla sanitaria.

Las ideas, las emociones, los actos, las actitudes, las instituciones y las cosas materiales pueden poseer cierta cualidad en virtud de la cual ellas son apreciadas, deseadas o recomendadas. Sin embargo, lo que es atractivo para algunos, puede ser rechazado por otros. De esta manera a los «valores» se contraponen los «contravalores», aquello que es desaprobado, rechazado, despreciado. Sandoval M.A (2007).

Entendamos que más allá de que sea un decisión el transitar hacia otras formas de vivir la menstruación y la relación con el cuerpo, existen contextos de escasez de recursos y hay una parte de la población que no tiene opciones. Los sistemas de valores son interpretados desde otras necesidades y no por eso son peores o mejores, sólo son diferentes.

A lo que quiero llegar, es a que últimamente cualquier práctica que está mejor valorada que otra y se posiciona como EL DEBER SER, tiende a generar muchos discursos poco constructivos a su alrededor, se dejan de cuestionar y se imponen de a poco como lo único válido.

Por ejemplo, hacer yoga, tener un huerto, meditar, ser vegano o ser fit, no es una fórmula mágica para ser mejor persona o más valiosa, tampoco te convierte en un modelo a seguir, te convierte en un actor social con otras sensibilidades y que atiende a otras necesidades. Usar la copa, te convierte en un cuerpo menstruante con una conciencia más clara del medio ambiente y puedes seguir siendo libre de no ser la guía moral de nadie más.

Por último, este texto tiene el objetivo de ser un tipo de llamado a la empatía y la visibilización de la DIFERENCIA, así como existen millones de cuerpos, existen millones de formas de valorar a los instrumentos que existen para la menstruación; unos responden a las necesidades del momento histórico actual y otros responden a otros tiempos, pero, cada uno hace la chamba que le corresponde y todes somos libres de decidir qué nos funciona mejor.

Abogo por una educación colectiva desde la construcción y no desde la imposición de modelos. Dejemos de ladito las jerarquías morales y empecemos a discutir acerca de cómo estamos comunicando la diversidad de opciones.

 

Escrito por la maravillosa: Corona

Síguela en Instagram: @coro.na

 

Ilustrado por la fabulosa: Brenda Muñoz

Síguela en Instagram: @bren.muro

FUENTES
SANDOVAL MANRÍQUEZ, M. (2007, diciembre). SOCIOLOGÍA DE LOS VALORES Y JUVENTUD . Recuperado de https://scielo.conicyt.cl/pdf/udecada/v15n27/art06.pdf

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